El rock en español y el orgullo de ser latinoamericano

Por: Daniela Franco (Project Manager ONErpm CAN)

Tal y como Luis Alberto Spinetta lo daba a entender cuando hablaba de lo que llamaba la “tangolencia rockera eterna”, es imposible negar que el rock argentino nace del tango: Las armonías complejas, la sensibilidad y poesía con las que se escriben las letras, y la manera en que las melodías del bandoneón eventualmente se tradujeron en solos de guitarra eléctrica o de sintetizador. Características que se escuchan con claridad en la música de grandes exponentes del género en el cono sur como el mismo Spinetta en su proyecto Invisible, Fito Paez en la canción homónima de su disco debut Giros, o Andrés Calamaro, quien constantemente componía e interpretaba tangos desde una voz rasgada y nada cercana a Gardel más allá de su expresividad.

Lo cierto es que este ejemplo de la estrecha relación del tango y el rock, como bien lo explica Agustín Catalano en su artículo “El matrimonio entre el tango y el rock” (2019), es un fenómeno que se replica en toda latinoamérica con sus músicas tradicionales. Recordemos canciones como “Calaveras y Diablitos” de los Fabulosos Cadillacs, una pieza maravillosa en la que el ska se junta con coqueteos al son cubano, o “Padre Nuestro”, una canción que básicamente pone al imaginario del rock al servicio de la cumbia.

De igual manera, si bien la mezcla del rock con los ritmos latinos tradicionales puede ser un claro indicador para catalogar algo dentro de la etiqueta de rock latinoamericano, también es importante recordar que la identidad latinoamericana en la música no depende exclusivamente de eso.

Ante nada el rock latinoamericano recibe su apellido porque narra las historias de sus residentes a través de sus letras, logrando capturar la fotografía más detallada que le vamos a poder tomar a la historia de Latinoamérica en el siglo XX. Tan solo pensemos en lanzamientos como el Clics Modernos de Charly García documentando la dictadura argentina, El Dorado de Aterciopelados hablando de la limpieza social de los 90’s y el desplazamiento forzado de los indígenas y campesinos en Colombia, o la aparición y prohibición del festival Avandaro en el 71’, más conocido como el Woodstock mexicano, que tuvo como consecuencia la censura del rock en las emisoras y los venues de la época.

En el presente el legado ha quedado en las manos de agrupaciones como Nicolás y Los Fumadores, Oh’Laville, Diamante Eléctrico, Margarita Siempre Viva y la Buha 2030 de Colombia; El Mató un Policía Motorizado, Marilina Bertoldi, Mi Amigo Invencible, Atrás Hay Truenos y Usted Señalemelo de Argentina; el siempre vigente Cuarteto de Nos de Uruguay, y muchísimos más, que nos recuerdan que si bien, hoy, en el día del Rock celebramos la existencia de un maravilloso género, más específicamente, conmemoramos el legado musical y de resistencia que el rock tuvo en Latinoamérica, al igual que su incidencia en todas las nuevas expresiones que hay a lo largo del continente que continúan registrando el peso político del día a día del humano latino.

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